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El Beato Emperador Carlos de Austria, más cerca de ser proclamado Santo

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El 3 de octubre de 2004 el Papa Juan Pablo II beatificó en Roma al emperador Carlos I de Austria, declarando su fiesta el 21 de octubre, fecha de su boda con la princesa Zita de Borbón-Parma. Ahora se allana el camino para su canonización. La diócesis de Orlando ha concluido con resultado positivo el examen de la curación de una enferma de cáncer por intercesión del Beato Carlos de Austria.

Carlos I (1887-1922), último emperador de Austria y rey de Hungría y de Bohemia, le dijo a su mujer Zita de Borbón-Parma, el día de contraer matrimonio en 1911: “Ahora debemos conducirnos mutuamente al cielo”. Y así fue. Firme en sus convicciones morales, promotor de la Doctrina Social de la Iglesia y de una sólida fe, ejemplar padre de ocho hijos y defensor de la búsqueda de la santidad en el ejercicio de las funciones públicas, prefirió renunciar al poder y al trono antes que sumir a su natal Austria en un conflicto interno.

En 1954 se inició su proceso de beatificación. Finalmente en diciembre de 2003 Juan Pablo II reconoció la curación milagrosa, ocurrida en 1960 por intercesión de Carlos I, en un convento polaco, de Maria Zita Gradowska, religiosa que sufría desde hacía años una enfermedad vascular incurable. Sus esfuerzos pacificadores fueron loados por Juan Pablo II, cuyo antecesor Benedicto XV fue apoyado plenamente por el emperador en ese empeño.

Dentro de su proceso de canonización en curso se ha confirmado positivamente en el ámbito diocesano el examen de un milagro del ya Beato Carlos I. Ahora, dentro del camino de la canonización, el expediente debe pasar a la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos, que lo examinará de nuevo y decidirá en un plazo que no puede aún determinarse. Así lo ha declarado en una entrevista Franz Xaver Brandmayr, asistente espiritual de la "Liga de oraciones emperador Charles por la paz de los pueblos".

El caso es el de una mujer afectada por un cáncer incurable que se encomendó al Beato Carlos y ha curado milagrosamente. La comisión que lo ha examinado en Orlando ha reconocido la curación milagrosa por intercesión del beato monarca. "Florida Catholic", diario católico de la diócesis de Orlando, ya habló del caso en febrero pasado. Se trata de una mujer de cincuenta años, que vive en Kissimmee, ciudad de sesenta mil habitantes al sur de Orlando, que ya había sido desahuciada por sus médicos porque su cáncer había metastatizado en diversos órganos. Perteneciente a la Iglesia Baptista oyó hablar por casualidad del Beato Carlos. Una pareja de Louisianne durante un viaje a Austria, había conocido a uno de los nietos de Carlos I que les invitó a las ceremonias de beatificación. En la Navidad de 2004 la pareja regaló a su nuera, Vanessa Lynn O'Neill, una de las medallas de Carlos distribuidas durante aquellas ceremonias así como un librito de oraciones para invocar al nuevo Beato.

La madre de Vanessa O'Neill era amiga de la enferma. Vanessa comenzó una novena al Beato Carlos a la que se unieron pronto otros familiares y amigos. La paciente rehusó al principio las oraciones creyendo erróneamente que los católicos se dirigían al Beato Carlos y no a Dios. Cuando se le explicó que las oraciones se dirigen siempre a Dios y que los santos y beatos son sólo intercesores, estuvo de acuerdo entendiendo que cada oración era una ayuda. Al cabo de algún tiempo su salud mejoró hasta curar totalmente. Los médicos no pudieron dar explicación alguna a esta curación.

El obispo de Orlando, Thomas Wenski, reunió una comisión de juristas eclesiásticos y otros expertos que examinaron el caso a partir del verano de 2006 y oyeron a los testigos y a los médicos. Tras dieciséis meses de trabajos, concluyeron que la inexplicable curación podía deberse a la intercesión del Beato Carlos. La totalidad de las actas fueron remitidas selladas, el 31 de enero de este año, al postulador romano de la Causa, Andrea Ambrosi, que por su parte la hizo llegar a la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos.

A veces creemos que los santos, y mucho más los reyes y príncipes santos, son una especie de otra época. Los vemos hieráticos en sus altares y no pensamos que fueron seres con cuerpo y alma, que vivieron entre nosotros, con sus virtudes y con unos defectos contra los que supieron luchar. Nos parece normal que hayan existido hace mucho, mucho tiempo San Fernando III de Castilla, San Ladislao I o San Esteban I de Hungría, San Luis IX de Francia, San Wenceslao I de Bohemia, San Enrique II del Sacro Imperio Romano Germánico, entre los varones o Santa Isabel de Portugal, Santa Isabel de Hungría, Santa Margarita de Escocia, Santa Clotilde, Santa Elena, entre las mujeres, pero a veces no caemos en la cuenta de que quizás viven cerca y son personas de nuestro tiempo. Carlos I es ya beato y puede que sea declarado santo, sus hijos aún viven y sus nietos son nuestros coetáneos. Lo tenemos cerca como ejemplo. ¿Qué tal si lo seguimos?

Amadeo-Martín Rey y Cabieses