Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

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Muere en Australia el príncipe Michael Andreevitch Romanoff, sobrino de nieto del zar Nicolás II

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Fallecido el pasado 22 de septiembre a los 88 años, nació en Francia en 1920 y más tarde halló refugio en Reino Unido, lugar donde residió en una casa de campo cercana al Castillo de Windsor, hogar del rey Jorge V y de la reina María, a los que llamaba tío y tía. A finales de la Segunda Guerra Mundial, Michael, que llegó a servir en la Royal Navy, acabo marchándose a Australia, donde estuvo exiliado desde 1941. A pesar de su adaptación a la vida australiana, el príncipe Michael conservó su sangre real. Hablaba con un marcado acento británico y presidía la Orden Real de los Caballeros Ortodoxos de San Juan de Jerusalén, de la que era Gran Prior.

Podría haber sido un príncipe –de hecho, era descendiente directo del último zar de Rusia y de la actual reina británica– pero, teniendo en cuenta las exequias que se celebraron a finales del mes pasado en honor de Michael Andreevitch Romanoff, sobrino nieto de Nicolás II, nadie diría hubiera adivinado su pasado real.  

“Mucha gente inventa los títulos que posee”, afirmó uno de los amigos del fallecido, el profesor australiano David Flint. “Michael tenía de ellos a montones; sólo que era demasiado humilde para emplearlos”.

El príncipe, fallecido el pasado 22 de septiembre a los 88 años, nació en Francia en 1920 y más tarde halló refugio en Reino Unido, lugar donde residió en una casa de campo cercana al Castillo de Windsor, hogar del rey Jorge V y de la reina María, a los que llamaba tío y tía.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, Michael, que llegó a servir en la Royal Navy, acabo marchándose a Australia, donde estuvo exiliado desde 1941. No podía volver a Inglaterra, y decidió asentarse en Sydney y trabajar como ingeniero de aviones.

Durante una ceremonia en la Iglesia Anglicana de St. James, a la que le siguió otra en la Catedral Ortodoxa de St. Peter y St. Paul en Strathfield, la familia de Michael recalcó que éste se había adaptado a la vida australiana con pasión.

Amanda Dennis, sobrina del príncipe, manifestó que siempre se le quedó grabada en la mente la imagen de su tío llegando a la casa familiar en un vagón de la estación de Kingswood, siempre con una escalera de mano y unos botes de pintura, que luego utilizó para decorar el interior de la vivienda. Por su parte, su hijastro, Daniel Crespi, recordó las cenas y las cervezas que se tomaban juntos, a menudo después de una tarde de surf en Bondi, donde aprovechaban para discutir de sus películas de acción favoritas.

A pesar de su adaptación a la vida australiana, el príncipe Michael conservó su sangre real. Hablaba con un marcado acento británico y presidía la Orden Real de los Caballeros Ortodoxos de San Juan de Jerusalén, de la que era Gran Prior.

UNA FOTOGRAFÍA DEL FALLECIDO