Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Luxemburgo

El Gran Duque de Luxemburgo se niega a firmar la legalización de la eutanasia y el Gobierno estudia modificar la Constitución

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Enrique I de Luxemburgo invocó "razones de conciencia" para justificar su negativa a sancionar el texto aprobado por el Parlamento luxemburgués el pasado mes de febrero, y que convirtió al país en el tercero de la Unión Europea en legalizar la eutanasia, tras Bélgica y Holanda. A pesar de que la votación salió adelante con la oposición del partido del primer ministro luxemburgués, el socialcristiano Jean-Claude Juncker, el martes éste aseguró que el país reducirá las prerrogativas del Gran Duque.

 

FOTOGRAFÍA: Enrique I, Gran Duque de Luxemburgo.

El Gran Duque de Luxemburgo se negó este martes a firmar una ley para despenalizar la eutanasia, por lo que el gobierno cristiano-demócrata anunció que va a modificar la Constitución para rebajar sus poderes, informó la emisora "RTBF". Enrique I de Luxemburgo invocó "razones de conciencia" para justificar su negativa a sancionar el texto aprobado por el Parlamento luxemburgués el pasado mes de febrero, y que convirtió al país en el tercero de la Unión Europea en legalizar la eutanasia, tras Bélgica y Holanda. A pesar de que la votación salió adelante con la oposición del partido del primer ministro luxemburgués, el socialcristiano Jean-Claude Juncker, el martes éste aseguró que el país reducirá las prerrogativas del Gran Duque. Así, Juncker explicó en una declaración institucional que suprimirán el término "sancionar" del artículo 34 de su constitución, y lo reemplazarán por "promulgar", lo que significará que el Gran Duque sólo firmará las leyes para que entren en vigor. Enrique I de Luxemburgo ha reproducido la crisis originada en el año 1990 por su tío, el rey Balduino de Bélgica, que se negó a firmar el texto aprobado por las dos Cámaras legislativas sobre la legalización del aborto. Aquella ley pasó a la historia de Bélgica como el primer texto que hizo renunciar a un rey, ya que Balduino abdicó durante día y medio y regresó a sus funciones cuando el nuevo texto del Código Penal había sido sancionado por el Consejo de Ministros.

Mucho antes, en 1919, las crónicas citan como un antecedente semejante la adopción de una postura "procatólica" de la Gran Duquesa Adelaida, cuando se opuso a la limitación de las prerrogativas de las órdenes religiosas en la enseñanza. La crisis se resolvió en ese momento con la abdicación de la Gran Duquesa, a la que se tuvo por germanófila durante la Primera Guerra Mundial, en favor de su hermana Carlota, abuela de Enrique I.