Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

La voz del lector

Es la especial protección al Rey la que hace que las injurias contra su persona también atenten contra todos los españoles

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Importante matización la que ha hecho la Audiencia Nacional respecto a la quema de fotos del Rey en Gerona de 2007, ya que establece lo que durante largos años hemos venido defendiendo, y que no es más que establecer que la Corona, como institución, es España, como España es a la Corona, algo unido por la historia de los siglos, y que la una sin la otra es difícil que existan. Y más aún, que los símbolos de la Patria, es decir, la Bandera, el Himno y la Corona, lo son de todos los españoles, y como tales, cuando se mancillan, lo están haciendo con todos los españoles.

"Lo relevante no es que una expresión o acción lesione la dignidad de don Juan Carlos como sujeto individual de derechos, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación, sino que afecte a la Institución como bien jurídico de raíz constitucional". Es la especial protección al Rey, como máxima autoridad de la Nación, la que hace que las injurias contra su persona no atenten contra bienes jurídicos individuales, sino colectivos, es decir, de todos los españoles, y eso las hace perseguibles incluso en contra de la propia voluntad de don Juan Carlos". Así reza uno de los párrafos con el que el Pleno de la Audiencia Nacional ha desestimado el recurso de apelación interpuesto por los radicales Jaime Roura y Enrique Stern y avala la sentencia que les condenó a 15 meses de prisión por quemar fotos del Rey durante su visita a Gerona en septiembre de 2007.

Importante matización la que ha hecho la Audiencia Nacional, ya que establece lo que durante largos años hemos venido defendiendo, y que no es más que establecer que la Corona, como institución, es España, como España es a la Corona, algo unido por la historia de los siglos, y que la una sin la otra es difícil que existan. Y más aún, que los símbolos de la Patria, es decir, la Bandera, el Himno y la Corona, lo son de todos los españoles, y como tales, cuando se mancillan, lo están haciendo con todos los españoles.

Pero va más allá la sentencia, ya que sostiene que los condenados se excedieron en su derecho a la libertad de expresión, pues la quema era un acto "innecesario" para defender la opinión de los concentrados, que, en este caso, era de absoluto rechazo a la institución monárquica. "Los asistentes al acto de protesta estaban ejerciendo su derecho con total libertad, sus proclamas e ideas estaban siendo difundidas sin cortapisa alguna y, sin embargo, escenifican lo que gráficamente podemos definir como un "aquelarre" o un "juicio inquisitorial" en el que, colocando la representación gráfica del jefe del Estado en posición claudicante -boca abajo-, lo embadurnan con aceite (...) y le prenden fuego como expresión simbólica del desprecio y destrucción de la Institución (...)".

Lo triste de todo este asunto es que tengan que ser los tribunales de justicia los que establezcan algo que debería ser consustancial con la idea democrática, que es el rechazo al insulto y la provocación para defender las ideas propias. No se está juzgando que alguien tenga una idea distinta ni que la exprese, sino que lo haga violentamente, con insultos y provocaciones. Y no sólo debería ser algo innato a los demócratas, sino nacer de la propia educación de las personas. Pero queda claro que no son ni demócratas ni educados aquellos que se mofan e insultan para defender lo suyo. Eso viene a decir, que no están muy seguros de sus propias ideas, y que la democracia les molesta.