Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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España

El Príncipe, tras visitar a las tropas españolas en Afganistán, asegura que se siente "más unido a ellas que nunca"

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Don Felipe visitó ayer por sorpresa a los casi 800 soldados que participan en misiones de paz en Afganistán y en Kirguizistán. Fueron 24 horas de trabajo permanente en las que don Felipe cumplió su deseo de visitar a las tropas españolas y conocer en persona el trabajo que allí realizan.

El Príncipe, que esa misma tarde había estado en Pamplona dando un premio al actor Alfredo Landa, salió de Madrid cerca de las 19.00 hora local del lunes en un avión de la Fuerza Aérea Española y, después de siete horas de vuelo, una escala en Manas y otras cuatro a bordo de un Hércules, llegó a Qala-e-Naw, población de unos 35.000 habitantes que en esta época del año está llena de polvo y en el que el sol es un compañero inseparable. Allí, algo más de 200 soldados españoles ayudan a los miembros de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Don Felipe se trasladó del aeropuerto de Qala-e-Naw, cuya pista fue reconstruida gracias a la cooperación española, a la base militar en un vehículo blindado y atravesó buena parte de esa localidad. Una vez junto a los militares, estrechó sus manos, se fotografió y conversó con ellos sobre como transcurre el día a día lejos de sus casas y les deseó que regresen pronto con sus familias, además de agradecerles su generosidad y profesionalidad.

Nuevamente en el Hércules, el Príncipe y la comisión que le acompañó en este viaje se trasladó al campamento Arena, en Herat, el lugar que el Rey eligió para pasar el último día de 2007. Fue precisamente en Herat donde el Heredero de la Corona trasladó a los militares españoles el emocionado recuerdo del Rey y recibió el testimonio de lealtad a la Corona y a España de los militares. El Príncipe vio allí, al igual que hizo Don Juan Carlos a finales de año, los refugios donde los soldados permanecen en caso de ataque.

En la capilla se interesó por los fallecidos cuya memoria se recuerda en ella, y en el hospital tuvo ocasión de hablar con varias familias afganas, una de ellas de mujeres vestidas con burkas y acompañadas por varios niños pequeños, que agradecieron a España el trabajo que hace por ellos y solicitaron que otros países le imiten, porque es el único centro sanitario del que disponen.

El príncipe de Asturias recorrió las calles de la base de Herat en las que se pueden ver letreros con direcciones hacia distintas localidades españolas, desde Marbella a Arganda del Rey, pasando por Oviedo, y también uno del Santiago Bernabeu. Don Felipe, vestido con el traje de campaña del Ejército del Aire, no dejó en todo el día de estrechar las manos de sus compañeros de armas, pero también de todos aquellos que colaboran en la reconstrucción de Afganistán.

Felipe de Borbón terminó su gira por las bases militares españolas con las tropas del destacamento de Mizar, localizada en Manas, en Kirgizistán, al norte de Afganistán, país este último en el que permaneció algo más de seis horas en las que pudo ver culminado su deseo, como él mismo dijo, de estar con las tropas españolas destacadas en esta región del mundo. En Manas, el Príncipe expresó a los militares su "magnífica impresión " por el trabajo que realizan en condiciones difíciles y duras, el orgullo de España por el mismo y les animó a continuar su misión, intervención que terminó como en las de las visitas anteriores con vivas a España y al Rey.

Desde allí, conversó por teléfono con el jefe del Gobierno interino afgano, Hamid Karzai, para agradecerle la hospitalidad recibida en las horas pasadas en el país asiático. Ayer martes por la tarde, el avión de la Fuerza Aérea española emprendió el regresó a Madrid con el Príncipe de Asturias tras veinticuatro horas sin parar.