Martes 25/07/2017. Actualizado 01:00h

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España

Está retomando la agenda internacional que tuvo congelada

Felipe VI capea el ‘caso Nóos’ y el año sin Gobierno en sus 1.000 días como rey

Ha conseguido superar el debate monarquía/república que rebrotó con la abdicación de Juan Carlos I y ha elevado la valoración popular de la Corona

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Han pasado ya 1.000 días desde que Felipe VI juró ante las Cortes Generales desempeñar fielmente sus funciones como rey: una cifra que permite hace un balance de este inicio de reinado de don Felipe, que ha conseguido asentarse por completo tras los 39 años de Juan Carlos I como titular de la Corona.

Felipe VI, en la apertura solemne de las Cortes. Felipe VI, en la apertura solemne de las Cortes.

El jefe del Estado quiso reafirmar su “compromiso de larga duración” con España y con los españoles y prometió “seguir aprendiendo todos los días”: “Aprendiendo, porque aunque uno esté en la cúspide del Estado, hay que tener los pies en la tierra, y hay que seguir aprendiendo con humildad”.

La principal conclusión de estos 1.000 días es que Felipe VI se ha asentado por completo al frente de la Corona de España. El reto era complejo: sucedía a Juan Carlos I, que llevaba casi 39 años de un reinado marcado por su carisma y estilo personal, y sacudido en sus últimos años por la corrupción del ‘caso Nóos’ que salpicaba a la infanta Cristina y a Iñaki Urdangarin, y por episodios que afectaron directamente a don Juan Carlos, como la cacería de elefantes en Botsuana y su relación con Corinna zu Sayn-Wittgenstein.

Se reducen los gestos republicanos

En estos días han sido muchos los medios que han hecho balance y repaso de los primeros 1.000 días de reinado de Felipe VI: extensos reportajes en los periódicos de Vocento, piezas en el Telediario de La 1 de TVE, en Las Mañanas de Radio Nacional de España que dirige Alfredo Menéndez...

Como se ha dicho, al transcurrir estos 1.000, estos dos años y nueve meses, Felipe VI se ha consolidado como el rey de España. Pese a estar en los inicios de su reinado, su largo aprendizaje como príncipe de Asturias le ha servido para saber ganarse la sensación de que lleva muchos más años como monarca.

Por otro lado, la abdicación de Juan Carlos I desató las movilizaciones republicanas más fuertes de los últimos años. Algunos partidos y miles de manifestantes en toda España exigían que ese era el momento de celebrar un referéndum para que los ciudadanos eligieran la forma de Estado: monarquía o república. Denunciaban que se iba a imponer a Felipe VI como rey sin que nadie lo hubiera elegido.

Los gestos contra la monarquía se han mantenido en algunos partidos, como Podemos, y en representantes de algunas comunidades autónomas y ayuntamientos. Sin embargo, la dicotomía entre monarquía y república se ha deshinchado y no se ha mantenido en el tiempo de forma persistente. En algunos casos, don Felipe incluso ha conseguido ganarse las simpatías de algunos dirigentes políticos poco proclives a la monarquía.

El reto del bloqueo político

Sin duda, 2016 fue un año complejo para Felipe VI. Disolvió las Cortes por primera vez a finales de 2015 para convocar las elecciones del 20 de diciembre de eses año. Pero los resultados salidos de las urnas provocaron que, de forma completamente anómala con lo que había ocurrido hasta ahora en España, las rondas de consultas con el rey no fueran un mero trámite para proponer al candidato que sería elegido en primera o segunda votación.

Don Felipe tuvo que tomar decisiones nunca hasta entonces probadas: vio cómo Mariano Rajoy declinaba la propuesta de investidura; propuso al segundo candidato más votado, Pedro Sánchez, que fracasó; después decidió dejar un período de reflexión a los partidos que se agotó sin resultados. De nuevo disolvió las Cortes, hubo otras elecciones que dejaron un panorama muy similar.

Eso perturbó las vacaciones en Palma de Mallorca del rey, que volvió a Madrid para mantenerse al tanto de las negociaciones para formar Gobierno. En las sucesivas rondas de consultas, don Felipe dejó entrever a los portavoces de los partidos su preocupación por la situación de bloqueo político que se extendía en el tiempo. Era consciente de que su primer gran reto como rey era que se resolviera este problema, ya que la Constitución le atribuye ese papel de árbitro que no estaba teniendo resultados.

Felipe VI llegó a hacer una clara advertencia a los partidos, en uno de los comunicados de la Casa del Rey: la pluralidad que habían reflejo las urnas les exigía hacer un esfuerzo especial para pactar y dialogar por el bien de la ciudadanía.

Al final, hubo investidura de Mariano Rajoy y el rey se estrenó en su primera apertura solemne de las Cortes, lo que permitió visualizar el papel del jefe del Estado como cúspide del sistema político.

El papel de la reina

Además, ahí se vio un cambio importante. La reina Letizia no asistió a la jura de Mariano Rajoy y de sus ministros. La explicación del Palacio de la Zarzuela es que ese papel, el de jefe del Estado, corresponde al rey en solitario.

De esta forma, se ha ido estableciendo una diferencia con el papel de la reina Sofía, que sí acudía a ese tipo de actos. Mientras tanto, doña Letizia se ha volcado en su faceta de compromiso con causas sociales y culturales.

Uno de los problemas que ha tenido que enfrentar Felipe VI en este tiempo es que durante los largos meses con el Gobierno en funciones, redujo su agenda pública, con especial incidencia en los viajes al extranjero. Eso le impidió realizar sus primeros viajes de Estado para presentarse ante la reina Isabel II del Reino Unido o el emperador Akihito de Japón, entre otros mandatarios. Esos viajes se están recuperando ahora, pero supusieron un problema durante 2016.

La amenaza del ‘caso Nóos’

Si fue uno de los asuntos que enturbió el final del reinado de Juan Carlos I, el ‘caso Nóos’ amenazaba con amargar a Felipe VI el inicio de su etapa como rey. Pero don Felipe quiso marcar claras distancias con cualquier sospecha de corrupción o de mero favoritismo a su hermana: en su exigencia de ejemplaridad, retiró el ducado de Palma de Mallorca a la infanta Cristina. También ha mantenido distancia y respeto hacia la sentencia condenatoria a Urdangarin y absolutoria para la infanta.

Eso se suma a las medidas de mayor transparencia, de contención del gasto y de fiscalización de los fondos públicos que recibe la Casa del Rey y que impulsó Felipe VI al poco de hacerse cargo de la institución. Además, en general los reyes Felipe y Letizia han mostrado un perfil austero, también en sus ratos de ocio: salvo las vacaciones privadas en verano -y el velero del que se habló este verano-, se han alejado de cualquier ostentación.

Aunque son muy cuidadosos con mantener por el momento a sus hijas centradas en sus estudios y tratan de que crezcan dentro de un ritmo lo más normal posible, sin obligaciones protocolarias y de actos oficiales, Felipe VI y doña Letizia también se dejan ver de vez en cuando con sus hijas Leonor y Sofía. El último caso, en el fin de semana que pasaron esquiando en el Pirineo de Huesca.

El mejor balance de estos 1.000 días de reinado lo ofrecen encuestas como la que publicó El Español en enero. Según el sondeo encargado por el digital de Pedro J. Ramírez, Felipe VI había situado a la Corona en su mejor valoración desde hace 20 años: una nota media del 6,4, con un 60% de aprobación y un 7,3 de nota para el rey.