Jueves 24/08/2017. Actualizado 01:00h

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España

Coincidiendo con escándalos como el de Botsuana

El “cambio de actitud” del CNI respecto a Juan Carlos I al final de su reinado

El historiador Juan Francisco Fuentes Aragonés cuenta en ‘Con el rey y contra el rey’ que los servicios de inteligencia relajaron la cobertura sobre el monarca

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‘Con el rey y contra el rey’: ese es el título de un libro en el que el catedrático de Historia Contemporánea Juan Francisco Fuentes Aragonés repasa la relación de la Corona con el PSOE desde que Pablo Iglesias fundó el Partido Socialista en 1879.

Juan Carlos I, a la salida del hospital tras el accidente en Bostuana. Juan Carlos I, a la salida del hospital tras el accidente en Bostuana.

Esta obra de Fuentes Aragonés arranca en la fundación del PSOE y su postura inicial respecto a la monarquía de Alfonso XII, la regencia de María Cristina y después el reinado Alfonso XIII. También recorre su participación en la llegada de la Segunda República, la Guerra Civil y el acercamiento de Indalecio Prieto a don Juan de Borbón con el Pacto de San Juan de Luz.

El historiador también aborda los primeros contactos entre Juan Carlos I y Felipe González durante la Transición, cuando el PSOE mantuvo resistencias republicanas durante el debate de la Constitución de 1978, y la posterior convivencia -inédita en la Historia de España- entre un presidente del Gobierno socialista y un rey, hasta forjar una relación muy estrecha entre don Juan Carlos y González.

Tras el paso de las etapas de José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero (con el momento más delicado, el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006), el autor de ‘Con el rey y contra el rey’ termina con el epílogo “No pienses en un elefante”, en el que relata los escándalos como el de la cacería en Botsuana que fueron minando a Juan Carlos hasta desembocar en la abdicación el 2 de junio de 2014.

Huelga de celo” del CNI

Es ahí donde Juan Francisco Fuentes Aragonés explica los últimos intentos del rey emérito por ganarse el apoyo popular pese a esas polémicas. “Pero el patrón ya no controlaba las cosas como antes”, escribe el autor del libro, que añade que “pasaban algunas cosas extrañas, como que esa malhadada foto del elefante siguiera circulando por ahí sin que nadie pareciera interesado en sacarla de la circulación”.

Todo ello lo relaciona con un hecho relevante: “había un cambio en la actitud del CNI”, el Centro Nacional de Inteligencia, “paraguas habitual de Su Majestad”. El propio Fuentes Aragonés explica a Monarquía Confidencial que en base a testimonios personales recabados para este libro, puede explicar que el rey había pasado de disfrutar de la plena cobertura del CNI, “tantas veces decisiva”, a quedar “en una manifiesta desprotección ante aprovechados y chantajistas”.

Eso el autor no tanto a la “desidia” de los servicios de inteligencia como “a una suerte de huelga de celo en el cumplimiento de tareas ingratas que empezaban a colmar la paciencia de todos”. Y añade, para remarcar que desde el Gobierno la actitud había cambiado, que “los poderes fácticos de la España constitucional no parecían dispuestos a cubrirle las espaldas ni un día más a un rey caído en desgracia”.

El peso de Felipe González en la abdicación

Otro detalle significativo que se puede leer en el libro es que, en los últimos tiempos antes de su abdicación, don Juan Carlos “sólo se fía del ex presidente Felipe González”, frente al desapego de la clase política y de la prensa, que le reclaman ejemplaridad.

“Juan Carlos I y Felipe González mantuvieron una excelente relación institucional y personal en los años del gobierno socialista. Esa relación perduró tras la salida de González de La Moncloa (1996) y consolidó una confianza entre ambos que resultó decisiva en el momento de la abdicación”, explica a MC Fuentes Aragonés. Fue González quien le urgió a acelerar el traspado de la Corona en su hijo Felipe para cortar por lo sano, cuenta en el libro.

Añade que “el rey nunca llegó a tener con González la amistad que tuvo en su día con Suárez, pero su relación con él fue mucho más estable y duradera. Por eso, cuando González se mostró partidario de la abdicación, el rey pensó que aquello iba en serio: que había llegado el momento”.

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